David Bisbal provocó la locura de las siete mil personas que acudieron anoche a la Plaza de la Ribera...
Asistentes: 7.000 personas.
Escenario: negro, blanco y color plata con grandes pasarelas, tres pantallas que proyectaban imágenes y un tobogán para el artista.
Escenario: negro, blanco y color plata con grandes pasarelas, tres pantallas que proyectaban imágenes y un tobogán para el artista.
Acompañamiento:
bajo, batería, trompeta, trombón, saxo, guitarra eléctrica, percusión,
guitarra española, dos coristas y cuatro bailarines. Si hace unos
días David Bisbal salía por la puerta grande de la plaza de toros de Las
Ventas, anoche el ídolo de las quinceañeras hizo lo propio con la de La
Ribera en Logroño. Un espectáculo medido al que no se le escapaba
detalle y en el que daba la sensación de que todo estaba bajo control
acompañó la voz del cantante que encontró su trampolín para el éxito en
'Operación Triunfo'.
Los primeros minutos de un concierto suelen
marcar lo que vendrá después. Los de Bisbal fueron puro espectáculo,
fuegos de artificio incluidos. El público pedía a gritos que apareciera
su ídolo sin soltar ni un momento las pancartas en las que se podía leer
'Bisbi te queremos'. Hacían la ola, coreaban el nombre del cantante,
gritaban a pleno pulmón cuando él aparecía en los anuncios publicitarios
que aparecían en las dos pantallas que rodeaban el escenario. Unos
pocos minutos a oscuras sirvieron para desatar la histeria. Sonaron los
primeros acordes de 'Ángel de Noche', las bailarinas empezaron a moverse
y tras una sábana se adivinaba la figura del cantante. La tela cayó y
la Plaza de la Ribera 'se venía abajo'. Las bailarinas colgaban de un
arnés, los petardos se disparaban al ritmo de la música y aparte de todo
él cantaba.
De repente, de un brinco, Bisbal se plantó cara a
cara, cuerpo a cuerpo a pocos metros de las quinceañeras más afortunadas
que se había 'colado' en las primera filas. El resto de las 7.000 almas
que ayer se dieron cita en La Ribera coreaban la canción que se sabían
'de pe a pa'.
El cantante salió vestido con una camisa roja,
unos vaqueros rotos y varios colgantes en su cuello, entre ellos, un
rosario y uno de los que él mismo patrocina. Le acompañaban bajo,
batería, trompeta, trombón, saxo, guitarra eléctrica, percusión,
guitarra española, dos coristas y cuatro bailarines.
El segundo
tema de la noche servía para tomar aire. Los ritmos más tranquilos de
'Fuiste mía', la música del saxo calmaban un poco los ánimos. Él no
decía nada, una mirada suya valía para que ellas le perdonaran todo. Eso
y sus continuas piruetas, tijeras, molinillos y movimientos de pelvis.
Hasta en la balada más tranquila Bisbal es capaz de sacar un momento
para desplegar toda su energía. Parece saber qué hacer en cada momento
para provocar el delirio. Pero también domina los registros más tiernos y
dedica una mirada de cordero degollado que las vuelve locas.
Al
filo de la tercera canción llegó uno de los momentos esperados. Las
luces se encendieron, así debía ser. «Me gusta así, ahora que puedo
veros, aprovecho para enviaros un beso y un abrazo, ¿Logroño!».
Inmediatamente después 'Cámina y ven' que, de nuevo, volvía a poner de
pie a todos y otra vez le brindaba al chico la perfecta ocasión para
desplegar todo su repertorio de piruetas.
Por ahí continuó la
tónica durante las dos horas de concierto. Hubo tiempo para las
inevitables y rítmicas 'Bulería, bulería', 'Corazón latino', 'Ave María'
y también para ritmos más lentos, pero igual de coreados y celebrados,
como 'Dígale'. En definitiva, puro espectáculo, para un cantante
que reunió mayoritariamente a jovencitas, en algún caso acompañadas por
sus padres que disfrutaron tanto o más.
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