LA VUELTA A CASA DE UN ÍDOLO
Por fin pudo regalarse a su pueblo. David Bisbal puso Almería patas
arriba la noche del viernes pasado. Pronunció un pregón y actuó ante
30.000 almas entregadas.
La dimensión de un ídolo de masas se mide por la cantidad de situaciones absurdas que se producen a su alrededor sin que el ídolo en cuestión llegue nunca a controlarlas, ni siquiera a percibirlas. Quedó patente el viernes pasado, el día en que David Bisbal leyó el pregón de Almería y se reconcilió con su tierra.
¿Sabía Bisbal que allí había madres que se desplazaron 500 kilómetros con sus hijos disminuidos con la esperanza de que él los tocara y sanara? ¿Sabía Bisbal que las mujeres policías que habían de vigilar a sus fans eran tan fans como las que tenían que ser vigiladas? ¿Sabía Bisbal cómo iba a funcionar la ametralladora de codazos impunes de sus gorilas? ¿Era consciente de que su figura estaba siendo utilizada en la encarnizada batalla por la alcaldía de Almería? No, él no sabía nada. Todavía no sabe nada de la locura que se mueve en torno a su persona.
La dimensión de un ídolo de masas se mide por la cantidad de situaciones absurdas que se producen a su alrededor sin que el ídolo en cuestión llegue nunca a controlarlas, ni siquiera a percibirlas. Quedó patente el viernes pasado, el día en que David Bisbal leyó el pregón de Almería y se reconcilió con su tierra.
¿Sabía Bisbal que allí había madres que se desplazaron 500 kilómetros con sus hijos disminuidos con la esperanza de que él los tocara y sanara? ¿Sabía Bisbal que las mujeres policías que habían de vigilar a sus fans eran tan fans como las que tenían que ser vigiladas? ¿Sabía Bisbal cómo iba a funcionar la ametralladora de codazos impunes de sus gorilas? ¿Era consciente de que su figura estaba siendo utilizada en la encarnizada batalla por la alcaldía de Almería? No, él no sabía nada. Todavía no sabe nada de la locura que se mueve en torno a su persona.
Con sólo 23 años y un éxito tan descomunal como repentino, a David
Bisbal, el gran triunfador de Operación triunfo, no le ha quedado otro
remedio que irse a vivir a una nube. De ella bajó para dar el pregón y
ser aclamado por el pueblo, estrujado por el alcalde y abrazado por sus
padres, protegido por sus guardaespaldas y envidiado por sus enemigos.
Pero él se sintió feliz en el ojo del huracán, ajeno a todos los
manejos, hablándole y canturreándole a su pueblo. "¿Quién me iba a decir
a mí que iba a estar aquí?", dijo tras recordar sus andanzas con la
Orquesta Expresiones, cuando él soñaba con actuar en el mismo recinto
municipal que ayer se llenó para adorarle.
El guión de su vida está tan escrito que incluso le habían dicho los gestos que podía y no podía hacer desde el balcón, y alguien le había fabricado el pregón que tenía que leer. Un pregón, como de costumbre, plagado de lugares comunes que él se encargó de dinamitar en cuanto tomó contacto con el público. "¡Me gustaría irme con vosotros ahora mismo!", dijo en un tono sincero que sonó a SOS. A continuación dio muestras de su poder como seductor lanzando besos por doquier y contestando los gritos de las fans. "¡Vosotras sí que sois guapas!", dijo ante la desmayada y variopinta concurrencia femenina. Ave María, estaban hasta las monjitas de Almería.
El interior del ayuntamiento era un ir y venir de mocosas con sus aparatos dentales y el ombligo al aire, sin duda niñas enchufadas por el concejal de turno que esperaban un autógrafo, acaso un beso. Pero no hubo piedad. Los guardaespaldas de Bisbal pasaron por encima de ellas como una locomotora. Fuera, en la Plaza Vieja, se vivía un ambiente mucho más sudoroso y arrabalero. "Vieja, quítate de ahí que no vemos", gritaba una quinceañera enloquecida por la falta de visibilidad. "Y encima la guarra ha ido hoy a la peluquería", protestaba otra joven de armas tomar sin cortarse ni un pelo. A final acabaron arañándose. Y a todo esto, la policía, totalmente despreocupada y cantando Corazón latino.
El cotarro no era mucho más relajado en las inmediaciones del recinto ferial, el lugar donde desde hace varios días acampaban las fans del cantante almeriense esperando ver por fin a su ídolo tras las dos suspensiones anteriores. Una intensa pero pasajera tormenta hizo peligrar la celebración del espectáculo, que el viento se había encargado de frustrar en dos ocasiones. "Como esta vez no se celebre quemamos la feria", dijo una mozalbeta entrada en carnes que desde luego no tenía cara de estar bromeando.
Pero el concierto acabó por celebrarse y media Almería escuchó por fin a Bisbal. Más de 10.000 personas dentro del recinto y casi 20.000 fuera, pegando la oreja a la valla antes de entregarse a los excesos etílicos que cada año trae consigo la festividad de la Virgen del Mar. Ave María, qué cantidad de sangría. Bisbal se entregó como nunca, rotó sobre su propio eje, percutió su pelvis, lloró, saltó y contorsionó sus famosos agudos. Un éxito rotundo, un vahído general, el sueño perfecto para las adolescentes. Por fin se rompió la maldición y Bisbal triunfó en su casa.
Pero para Bisbal su casa se ha convertido en territorio prohibido. Durante su estancia en la ciudad ha preferido dormir en un hotel, porque su casa paterna acaba llenándose de falsos familiares y amigos repentinos. Tampoco podrá pisar la feria, porque ahí lo que se juega directamente es la vida. "Ojalá pudiera recorrer todas las casetas, como hacía antes", lamentó en la parte improvisada de su pregón. Bisbal también tiene que olvidarse de pisar la calle, de ir a tomar copas con sus colegas al Puerto Deportivo de Aguadulce con la música de los Chichos a todo trapo en el coche.
Su amigo Eloy, camarero del bar de Carrefour en Almería, recordaba ayer las correrías y la personalidad de David: "Es el tipo más bueno y más divertido que he conocido nunca. Cuando jugábamos al fútbol y ligábamos con las chavalas él era feliz. No sé cómo está ahora, porque es imposible hablar con él, pero le deseo lo mejor porque es una de las mejores personas que hay en el mundo, y un trabajador nato. Ese tío vale de verdad".
Ni pregón ni concierto. No hay nada que le hubiese gustado más a David Bisbal que volver a ser libre en Almería, donde siempre fue libre. Pero él ha escogido el camino del triunfo, y sabe llevarlo bien. "Sé que esto sólo durará lo que dure. Tengo que aprovechar el momento, pero no voy a estar siempre así. Ahora sólo pienso en cantar y cantar. He peleado muy duro por conseguir esto y ahora que lo tengo lo voy a disfrutar a muerte. Pero yo no voy a renunciar ni a mi libertad ni a mis amigos ni a mi familia. Eso lo tengo muy claro", ha dicho Bisbal a este diario en una entrevista que se publicará en este mismo suplemento a finales de agosto.
Bisbal envía un saludo a los lectores del Cuaderno de Verano, poco antes de dar el pregón de las fiestas de Almería, el viernes pasado.
El guión de su vida está tan escrito que incluso le habían dicho los gestos que podía y no podía hacer desde el balcón, y alguien le había fabricado el pregón que tenía que leer. Un pregón, como de costumbre, plagado de lugares comunes que él se encargó de dinamitar en cuanto tomó contacto con el público. "¡Me gustaría irme con vosotros ahora mismo!", dijo en un tono sincero que sonó a SOS. A continuación dio muestras de su poder como seductor lanzando besos por doquier y contestando los gritos de las fans. "¡Vosotras sí que sois guapas!", dijo ante la desmayada y variopinta concurrencia femenina. Ave María, estaban hasta las monjitas de Almería.
El interior del ayuntamiento era un ir y venir de mocosas con sus aparatos dentales y el ombligo al aire, sin duda niñas enchufadas por el concejal de turno que esperaban un autógrafo, acaso un beso. Pero no hubo piedad. Los guardaespaldas de Bisbal pasaron por encima de ellas como una locomotora. Fuera, en la Plaza Vieja, se vivía un ambiente mucho más sudoroso y arrabalero. "Vieja, quítate de ahí que no vemos", gritaba una quinceañera enloquecida por la falta de visibilidad. "Y encima la guarra ha ido hoy a la peluquería", protestaba otra joven de armas tomar sin cortarse ni un pelo. A final acabaron arañándose. Y a todo esto, la policía, totalmente despreocupada y cantando Corazón latino.
El cotarro no era mucho más relajado en las inmediaciones del recinto ferial, el lugar donde desde hace varios días acampaban las fans del cantante almeriense esperando ver por fin a su ídolo tras las dos suspensiones anteriores. Una intensa pero pasajera tormenta hizo peligrar la celebración del espectáculo, que el viento se había encargado de frustrar en dos ocasiones. "Como esta vez no se celebre quemamos la feria", dijo una mozalbeta entrada en carnes que desde luego no tenía cara de estar bromeando.
Pero el concierto acabó por celebrarse y media Almería escuchó por fin a Bisbal. Más de 10.000 personas dentro del recinto y casi 20.000 fuera, pegando la oreja a la valla antes de entregarse a los excesos etílicos que cada año trae consigo la festividad de la Virgen del Mar. Ave María, qué cantidad de sangría. Bisbal se entregó como nunca, rotó sobre su propio eje, percutió su pelvis, lloró, saltó y contorsionó sus famosos agudos. Un éxito rotundo, un vahído general, el sueño perfecto para las adolescentes. Por fin se rompió la maldición y Bisbal triunfó en su casa.
Pero para Bisbal su casa se ha convertido en territorio prohibido. Durante su estancia en la ciudad ha preferido dormir en un hotel, porque su casa paterna acaba llenándose de falsos familiares y amigos repentinos. Tampoco podrá pisar la feria, porque ahí lo que se juega directamente es la vida. "Ojalá pudiera recorrer todas las casetas, como hacía antes", lamentó en la parte improvisada de su pregón. Bisbal también tiene que olvidarse de pisar la calle, de ir a tomar copas con sus colegas al Puerto Deportivo de Aguadulce con la música de los Chichos a todo trapo en el coche.
Su amigo Eloy, camarero del bar de Carrefour en Almería, recordaba ayer las correrías y la personalidad de David: "Es el tipo más bueno y más divertido que he conocido nunca. Cuando jugábamos al fútbol y ligábamos con las chavalas él era feliz. No sé cómo está ahora, porque es imposible hablar con él, pero le deseo lo mejor porque es una de las mejores personas que hay en el mundo, y un trabajador nato. Ese tío vale de verdad".
Ni pregón ni concierto. No hay nada que le hubiese gustado más a David Bisbal que volver a ser libre en Almería, donde siempre fue libre. Pero él ha escogido el camino del triunfo, y sabe llevarlo bien. "Sé que esto sólo durará lo que dure. Tengo que aprovechar el momento, pero no voy a estar siempre así. Ahora sólo pienso en cantar y cantar. He peleado muy duro por conseguir esto y ahora que lo tengo lo voy a disfrutar a muerte. Pero yo no voy a renunciar ni a mi libertad ni a mis amigos ni a mi familia. Eso lo tengo muy claro", ha dicho Bisbal a este diario en una entrevista que se publicará en este mismo suplemento a finales de agosto.
Bisbal envía un saludo a los lectores del Cuaderno de Verano, poco antes de dar el pregón de las fiestas de Almería, el viernes pasado.